DIFERENCIA ENTRE ESTRESES
Vamos de describir el proceso del estrés y la ansiedad. Para comprenderlo, es bueno familiarizarse con la fisiología del cerebro y con ciertos términos básicos que nos ayudan a comprender mejor el proceso. Los medios audiovisuales que tenemos en la actualidad nos ayudan mucho a la comprensión de las estructuras anatómicas y la fisiología de los procesos. Es por ello por lo que recomendaremos también algunos vídeos como apoyo a las explicaciones.
Estrés positivo: ponerse las pilas.
Recuerdo en mi época universitaria que, podía ronronear los libros y “pelar la pava” o “tontear” durante meses en lugar de estar haciendo resúmenes y estando al día. Recuerdo igualmente que, cuando veía venir el toro porque las fechas de los exámenes se aproximaban, me ponía más tenso, pero, a menudo, tampoco enfocaba el asunto. Cuando ya el toro lo veía encima de mí y contaba los días e incluso las horas –mirando si la convocatoria era por la mañana o por la tarde -previas al día del examen, sentía que algo se activaba dentro de mí y hacía lo que divulgativamente se conoce como “ponerme las pilas” y que no era otra cosa que activar mi sistema de estrés agudo y hacer que hormonas creativas y dadoras de confianza y energía circularan por mi sangre: eran la Adrenalina y Noradrenalina – que mantenían mi interés por la materia a estudiar y generaban vitalidad e invitaban a explorar y estudiar. También estaban otras dos hormonas más: la Dopamina –que daba capacidad de enfocarnos y evitar distracciones y que por fin se te olvidase la bella compañera de clase a la que siempre le prestabas los apuntes con una sonrisa “que se te notaba todo” y que sin dopamina no olvidabas - y Serotonina – que mejoraba mi estado de ánimo y controla el ciclo del sueño.
Este cóctel hormonal iba a insuflarnos confianza ante el desafío de los exámenes con la convicción de que íbamos a sacarlos adelante y la tranquilidad necesaria para centrarnos y enfocar bien el asunto.
El estrés agudo o positivo nos permite enfrentarnos a los desafíos del día a día y permitió salvar las vidas de muchas personas que vivían en la selva y se veían amenazados por un animal salvaje que venía para comérselos.
Fisiológicamente funciona de la siguiente forma. Cuando acontece un estímulo que nos produce miedo, es peligroso o nos produce un desafío, el tálamo –importante centro receptor de la información en el cerebro – transmite a las amígdalas –núcleos que tienen forma de almendra y están en la zona temporales del cerebro, a la altura de las orejas y que gestionan emociones como miedo e ira. Éstas, cuando se activan transmiten al hipotálamo – “comandante en jefe “que regula muchas funciones del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) – hambre, sed, presión arterial, emociones… -y que cuenta con dos oficiales operacionales en el sistema nervioso que hacen funciones opuestas: Simpático y Parasimpático.
El Simpático es el sistema nervioso de alarma del cuerpo. Se apoya en los operacionales – las hormonas – que ejercen funciones operativas muy importantes. Así, el Hipotálamo activa las suprarrenales – sobre los riñones – que liberan la hormona epinefrina o adrenalina y produce las reacciones que experimentamos cuando tenemos una situación de estrés agudo: respiración acelerada; aumento de glucosa en sangre; aceleración del pulso cardíaco.
Este proceso ocurre muy deprisa, es por eso por lo que cuando estamos en una situación de peligro repentina somos capaces de reaccionar con una velocidad que cuando nos calmamos nos sorprende. ¿Por qué? Porque hemos actuado con el cerebro emocional o cerebro límbico sin esperar a que la información llegue a la parte racional (corteza cerebral). Las actuaciones desde la amígdala –que nos alertan de un peligro inminente – son así porque la vía de la amígdala es corta y los estímulos llegan antes que a la corteza cerebral… ¡por suerte en muchas ocasiones! ¿No habéis escuchado alguna vez alguna historia de alguien que corría más que el perro que lo perseguía y era quizás alguien que se mueve menos que un cuadro? O alguna otra historia de alguien que dice: “Me tiré a salvarla sin pensarlo y la salvé. Cuando luego lo reflexiono hasta me da pánico de cómo pudo saltar por aquél sitio para rescatar a mi amiga”. Esto sucede porque hemos actuado desde la amígdala y no desde la corteza. ;)
Una vez pasado el peligro, el otro oficial, el parasimpático, se encarga de frenar todo el proceso. Así como el simpático es quien pisa el pedal de aceleración del coche, el parasimpático sería el que levanta el pedal para hacer que el coche disminuya revoluciones.
Estrés negativo o distrés: un coche pasado de revoluciones en viaje de más de hora y media.
Siguiendo con el símil del motor, cuando el coche anda por encima de revoluciones y además lo llevamos así más de 90 minutos, estamos poniendo en peligro la vida del motor. Igual pasa con nuestro organismo cuando lo llevamos más allá de un funcionamiento equilibrado, sin pausas, cada 90 minutos.
Así, a medida que el aumento inicial de epinefrina o adrenalina disminuye, se activa un segundo proceso que llamamos: HPA – Hipotálamo + Pituitaria + Adrenal.
En esta ocasión, el hipotálamo libera otra hormona, la CRH (Cortisol Release Hormone) y esta va a la glándula pituitaria o Hipófisis que se encarga de liberar la ACTH (Adreno corticotropa Hormone) que nuevamente activa las glándulas suprarrenales, el almacén energético del cuerpo según la Medicina Tradicional China, que emite asimismo la hormona Cortisol.
Hemos mencionado el proceso de forma simplificada, pero hay muchas hormonas que se liberan en paralelo. Destacamos la Dopamina, que ya mencionamos antes y que también se sigue liberando en este proceso.
Pues bien, cuando han pasado 90 minutos con este proceso activo y no hacemos pausas – muchas veces porque hemos perdido la capacidad del levantar el pie del acelerador y seguimos llevando el coche a altas revoluciones y no somos capaces de parar y hacer un breve ejercicio respiratorio o escuchar una música relajante – activamos el peligroso distrés. Aquí, las cuatro hormonas que mencionábamos antes: Adrenalina; Noradrenalina y, sobre todo, Dopamina y Serotonina han desaparecido de la sangre y ésta se ha llenado de Cortisol.
Cuando esto se mantiene en el tiempo – y seguimos en el trabajo “a tope”, comiendo mal, no haciendo pausas, durmiendo cada vez menos y peor; aumentando nuestra irascibilidad y por tanto la ira al tener menos paciencia...entramos en un bucle negativo que no hace sino retroalimentar las causas que lo provocan, empeorando otras como la memoria y la socialización; el humor y la alegría. ¿Por qué? Porque cuando mantenemos muy altos los niveles de cortisol de manera sostenida, empezamos a dañar las ramificaciones de las neuronas del hipocampo – estructura cerebral con forma de caballito de mar encargada del aprendizaje en base a la experiencia y responsable de transformar almacenar lo aprendido en la memoria a largo plazo, transformando las experiencias a corto en largo. También relacionados con la alegría de vivir, según recientes investigaciones – y lo siguiente es la muerte neuronal.
Por eso, se recomienda ejercicio físico + meditación + interacción social + humor. Esto hará que los niveles de cortisol en sangre disminuyan y aumente la oxitocina y beta endorfina. Un reciente estudio en San Diego, la ciudad donde viví un año en mi juventud, ha demostrado que las neuronas del Hipocampo se pueden regenerar aparte de células madre de los ventrículos (cavidades del cerebro). ¡Qué buena noticia! Para esto, tenemos que poner de nosotros disminuyendo el nivel de cortisol en sangre.
Según la Medicina China, sería el equivalente a movilizar el Qi (con la actividad física consciente: yoga; taichí; qi gong) y disminuir la insuficiencia de Qi de Bazo (exceso de reflexión à depresión) y nutrirnos de alimentos que potencien la XUE (sangre en MTC) y el Yin de Riñón.


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